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15.3.10

Last year at Marienbad


You were frowning mischievously while walking through the courtyard, hand in hand with a man who will never shake in his commitment to love you, rejoicing in the idea that the brave april sun was burning away in the distance, bringing in the light.

5.3.10

F(r)iction

photo © beron

"De un tiempo a esta parte podemos observar una tendencia ampliamente extendida a escribir novelas que parecen largos guiones de película, ni más ni menos que lo que sus autores quisieran que acabaran siendo. Hay asimismo una tendencia a producir películas de intrincada peripecia dentro de una estética y unos efectos especiales más propios de los juegos de consola. Y hay seriales televisivos cuyo objetivo no es otro que el de perpetuar el éxito de determinadas malas películas y determinadas malas novelas. Semejante fatal convergencia podría condenarnos a sacar las más deprimentes conclusiones si nos quedáramos ahí, sin tener en cuenta otros hechos."

21.1.10

Come not between the dragon and his wrath


Hay veces en las que es imprescindible, es una obligación; así, te descalzas y respiras hondo, bajas la cabeza y te ordenan caballero. Y ahora, cuando la necesidad más apremia, las bestias comprenden la materia de la gesta: "Los secretos más poderosos se revelan por medio de la intensidad y las experiencias extremas". La lluvia será ácida o no será. La belleza será violenta o no será. Renovaremos el ósculo del universo, una y otra vez, hasta hacerle gritar. Vandalismo del miocardio. La siembra, los sueños, el escozor.

Al día siguiente, mareado, me despierto. Ha crecido una flor en mi solapa y la gente sale a los balcones a recibir la invención del fuego. Lo suyo, señores, es el reloj, lo nuestro el arte.

P.D.: Gracias a Paco Ávila por su "Oda a la invención de la pólvora húmeda"

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There are times when it is unavoidable, is an obligation, so you go barefoot and breathe in deeply, lower your head and are ordered knight. And now, when need is more pressing, the animals understand the subject of the epic: "The most powerful secrets are revealed through intensity and extreme experiences." Rain will be acidic or will be not. Beauty will be violent or will be not. We will renew the kiss of the universe, time and again, until it cries. Myocardial vandalism. The sowing, the dreams, the sting.

The next day I wake up dizzy. A flower has grown in my lapel, and people look out the balconies to greet the invention of fire. What's yours, gentlemen, is clocks, what's ours is art.

PS: Thanks to Paco Avila for his "Ode to the invention of wet gunpowder"

12.2.07

Unter den Linden: Asinfonía para una avenida -Despojo abocetado #2-

I

Mis cajas de respuesta se han parado. O tal vez hayan sido las de pregunta… Prueba: el movimiento en sí es una imagen, una imagen veloz, fugaz, una lumbre encendida, de la cual recibir un calor. Las respuestas.

El calor, viene resbalando calle abajo, hecho un ovillo de uñas… Allí, allí donde se arremolinan los patos (mira cómo hunden la cabeza en el agua), allí donde se cruzan las sombras. Recuerdo que tenía una cara, dentadas maxaladas y mastodónticas… no puede ser mamút, no puede ser que fueran lanzas. Ya no hay uña, calle, maxilar, ya no hay aquí, y hace tiempo que una ausencia cosquillea entre las mantas. No estoy, y no estoy preocupado, sólo desespero… Y es como brindar por travesías contra el viento (siempre se brinda contra algo), contra la marea, contra el propio zarpar. Sí, ya he vuelto a la rivalidad, el cenáculo empañado de saliva y tenedores… No poder escarmentar del todo -¿y es que es necesario? Estar diciendo esto que dice alguien que no está aquí…- Tal vez nunca hubiese aquí, ni estampa ni calle abajo ni nada que rodase, nadie rodaría, ni nada… como ahora… ¡Ah! pero nunca se sabrá, está archivado en el fondo del castillo, en la tripa de Kafka. Estáperonoestá.

No escucho siquiera el murmullo de la arcilla, el susurro del lodazal, que ni contesta ni sabe (el encuestador se retira a sus aposentos). Espero el tronco hueco en el que seremos alojados; ni siquiera ahí nos querremos dar la mano. El asco, la repugnancia, el repelús. Podría venir, estar aquí, aparecerse. La arcada, el espasmo.

Soy un niño abrumado bajo el peso de los tilos. No llega, nada llega (¿dónde está esto que ahora me rodea?). No tengo una ciencia estable, mi vara de medida es el palmo, lo cierro y estrujo en él el mundo amedrentado. Un oso atrapa una trucha muerta de un zarpazo. Todo está ahora aquí, en la zarpa, rociando su sangre sobre la nieve, que no llega, como la veo partir ahora, cuajada de trenzas. No es que falte desde hace mucho, aún la veo subirse al tren… Los trenes vienen ahora repletos de personas. Todo está aquí ahora, gotas, pulso, enjambre… El oso alérgico, la zarpa rosa, la sangre blanca.


II

Tenemos imágenes que se

“agitan”, y el significado

no es simplemente algo que esté

muy claro. Son, por ejemplo,

las bombillas, que desaparecen

en la oscuridad, y es

este modelo de accidentes de coche

y miedo. Un joven

yace estirado en el suelo

desnudo bajo una gran

claridad y “agita”

su mano. Ese joven soy

yo. El significado de

dicha escena es sencillo.

Como si en el recuerdo

sólo esta única “imagen”

fuese real. “Hice” esto

y más tarde, cuando terminé,

este “movimiento” quedó atrás. Visto

desde bien cerca, desparecen

las partes individuales y se convierten en “miedo”.

Luz artificial, Rolf Dieter Brinkmann

(Traducción autóctona y semilibre)



III

Se van... se mueren... tienen tres tipos distintos de enfermedades... se van los castaños de Europa. Eso me cuenta Roderick dibujando las hojas cerradas y amarillentas del castaño del patio. Las familias, los parentescos… A veces son como epidemias de hemofilia. Recuerdo de pronto un cuadro en el que creía ser un pintor y estaba compartiendo aliento con unas subnormales. Los tilos son sus primos, de los castaños… ¿se irán también? ¿como nosotros? Ella diría que no,… y que sí, que siempre estarían, como nosotros. Que siempre estarían nosotros, vosotros… Pero ha pasado un hipocampo negro y ha sellado la memoria con pez.

Es invierno. Una temporada ha pasado una estación un vehemente rescate de los pinos y una revolución de las laderas. Han salido los barcos, han vaciado las lonjas, no hay ron, no hay rumores, no hay un destino de no-llegada. Veo a alguien al fondo, de fondo. ¿Pero qué me digo? También ella falta a la cita con las estaciones. No he vivido nada desde el otoño, no te recuerdo pero te siento cerca, crujiendo en mis huesos… es extraño… ¿tú me recuerdas?


IV

Están marchitos los lugares, los sonidos, los animales. ¿Ser caníbal por el otro, o por uno mismo? ¿Un ser caníbal?

Baja la voz, espera el silencio de los cisnes, el silencio que salta de entre sus cantos, agazapado como el cazador de las palabras -asesino dirían algunos, luego venderían rifles-. El silencio que se obtura, que palidece y se llena de sonidos. El aleteo del silencio.

Piensa en eso que giraba, que lucía en el fondo de la charca; piensa en el cielo plomizo de mil películas mil veces mil insomnios en las que nos creímos vaqueros. Piensa golpe, disparo y polvo. Piensa azul, bordados en las ventanas, piensa un horizonte que no piense en negro.

Habita en las cuevas un baile diabólico, una danza que crece como los anillos en los árboles, entre los años y los hombres. Un silencio de clarinete, de percusión, de ditirambo. Baila el enjambre, baila el panal, baila –esperando- la hidra, baila el corro de adoquines, los cuervos, bailan los parones, los tirones, baila un dosificador caliente, un artefacto de luz, baila la sal en el fondo de las marismas, baila…

Eso era todo… bastaba un dos un dos y comenzar, contrabajo, saxo. Bastaba Charlie Parker, que murió de risa. Bastaba su risa. De hecho, ya basta desde hace mucho.

Desgajé la naranja, aunque yo ya sabía que no, que será un no… Aunque una cosa sí es cierta: la soledad del mar y los males de abril.

V

Los trenes que van a Bruselas paran en Berlín, los trenes van vacíos, el mundo está lleno de trenes buenos, sus pasajeros son ancestros, epígonos, homónimos y heterónimos... Son trenes de jugo gástrico, de acidez. Los trenes han embancado, han jugado al juego malo, pero siempre hay trenes buenos. Los trenes aprenden a ser árboles, aprenden a hacer nudos y echar flor…. aprenden a desaprenderse. Hay trenes que gozan de mi aprecio, y hay trenes que deben descarrilar. Hay un tren para cada uno, hay trenes-burra para los que no van a pedales, pero eso no son trenes... En todos los rostros hay un tren, ése es su encanto.

Y yo no tengo problemas, sólo misterios…


VI

Ilumina ahora, oh Musa, los ojos de este ciego para engarzar con pulso firme las constelaciones. Tejed enredaderas de fuego, marcad los lugares con brasas y recordad la vida en el humo, copiad sus versos eternos.

Yo tengo en mí un sagrario incendiado.

Y las lenguas, por fin, podrán arder… y consumirse.

9.2.07

Entre los pinos pálidos (Los peros)

...fumando hilos de plátano (oh, oh, pantano) llegó la siesta -a un cuarto de espalda, me de... ¡STOP!, escucho un no-rojo (pero peli-rrojo) que se eleva entre los copos:

- ¿Qué es esto? ¿Se puede?
- Sí, es boceto, pero es...
- Pero sí o pero no, pero algo
- Pues eso, pero sí (y no también, pero calla)
- ¡Pero bueno!
- ¿Pero qué? (broma fácil, perroquet)
- Pero nada
- ¿Pero seguro?
- Pero, ¿qué quieres?
- Pues... es que el hombre
tiene hambre por el hambre que vendrá
que no ceja en su cernirse agarrotando,
paralizante, como un nombre impuesto.

Siembra serpientes, siembra, que te muerdan luego los tobillos, que te ofrzcan fruta, que tú te pararás, incrédulo, y que no son más que serpentinas, eso es, serpentinas (siempre encontrando palabras yuxtapuestas, que me alivien, que te alienten, que nos cierren la retirada...) ¿Tú? No, yo no, él. Esto..., nosotros también comulgaremos, antes de que vuelvan las nieves.

- Y nuestros cuellos serán fuente de hedor.
- El mismo que desprenden los cuchillos de matanza.

- Pero....

25.1.07

Il cavallo (traducción libre)

Yo no soy el caballo
de Caracalla como ¿Quién? supone;
no corro derbys, no me cebo de hierba,
no fui hombre Fórmula 1 y ni siquiera
de al trote. Traté de ser
un hombre y ya era demasiado
para mí (y para él).


Eugenio Montale, Diario del '71 y del '72

Idumea entre achaques egipcios

Aceptó por fin, con convencimiento de impotencia, que no servía ni era capaz de mandar. Que estaba solo y aislado de sí. Afortunadamente, se quitó de enmedio en el provecho de los útiles, los acalmados. Melancolía, bendito matarratas.
FERNANDO PÉREZ FERNÁNDEZ


Padre, no te he hecho caso. Ni a ti, madre.

Ni a mi colección de maestros, consideré que estaban demasiado amaestrados. No eran para mi sus palabras. Ni siquiera las mías eran para mi (en húngaro sería lo mismo: mío, para mi), esas pequeñas babosas de la conciencia a las que yo ayudaba a resbalar por mis brazos, viéndolas caer y retorcerse, y aprovechar tan solo su mucosidad aliviante recubriendo mis trepanadas manos. Y después, con ojo sádico (Antipater heródico), volver a hurgar. No creí la gravedad, el aire... y respiraba diciendo que es una amalgama, un nudo gordiano, es una mazorca de maíz. (Madre, lo sabes.) Y yo lo sé, pero me aguanto. Me he aguantado mis heces mil veces, las he transportado como una chinchilla fiel. Mira, hijo, no ves cómo no son morales asquerosas de infames despojos humanos, leprosos correteando detrás de ti por la calle para tocarte. No te hagas tanto caso.

-No pienses, no pienses en ti (Tú sólo sabes hablar de ti... bueno, ¿y de quién sino? Y poco. Y mal.)

Y yo rascaba y almacenaba y apilaba una capa sobre otra, unidas por finos cuchillos. Se abrió allí la herida, a la que constantemente regaba con sal. Y aún hoy la miro y la veo supurar sus burbujeantes aleaciones que quieren apretarse y cerrar la piel, cortar el despilfarro económico de su orificidad. Gettava pesci vivi a pellicani famelici... Pero no es esto para pedir perdones, no es cirugía preventiva. No hay aguaceros sin regusto a traición (me estoy calando, me digo). Y me pongo de nuevo un rato más bajo el grifo fofo de mi complacencia, sonriendo a una aparición gusanesca que fermenta en el espejo (estás bien, estás vivo). Pero la Vida es una lucha que perdí de repente, as on a festal day in early spring.

Todo ha pasado por esa criba estratosférica de la sublimación. (Va a doler, me decía, me va a...) Y todo ese ciclo se completa con el nomadismo, la noria constante con meta en Edom, siempre en lo rojizo. Allí también las rocas me simulaban (and I am born to die), el pulso del suelo marcando constantes composiciones arrítmicas, ora tango, ora tango, ora vals. ¿Qué prefiero preferir? ¿Prefiero algo? ¿Y si prefiero, quién prefiere? Y aún más, ¿se debe preferir? ¡Si no sé bailar! Estoy prefiriendo pensar esto, por la pasiva, por la tumbona en el patio trasero de la lucidez, por los cohetes que se remojaron en agua bendita (los remojaste tú, los mojaste y remojaste), por la fatal barba de los tiempos, de los pasados y los futuros. El presente es su báculo, un campo magnético que revela su presencia en sonidos, como es este silencio este silencio este... En mi soledad he visto cosas muy claras que no son verdad. Este silencio y sus músicos, bardados tras la luna cromada de los oídos, de las palabras, de sus gestos, desencajándose las mandíbulas (pronunciaciones antimaxiladas). Se ríen de mi, no oye el silencio que estamos tocando, se dicen.

-Sería conveniente que madurase usted el oído, se le aclarará mucho la visión, la luma cromada, se descromará. Pero ¿cómo? ¿La Muerte sin su velos, sin sus perfumes? (Carcajadas) Y ya podrán subir o bajar las mareas, a usted eso no le hará daño (¡no puede ser que lo sepan! ¿acaso no disimulo bien mi dolor?) En todo caso, le vendrá bien, queremos decir, Esto, decimos... le sanará. Es decir, que no le maleará, o por lo menos no como hasta ahora, o por lo menos eso no, o por lo menos... ¿por lo menos? ¿y por lo más? ¿No es allí, arriba, largo alto ancho todo, más?. Podrá dedicarse tranquilamente entonces a la labor de imitar el canto de los ruiseñores, como usted desea (pero, ¿cómo pueden saber Eso?) Y, cogiendo aguja e hilo, me cosí la boca.

Ahora, tras muchos tirones, me he descosido, y los labios parecen un piano de teclas de carne bamboleante, mi saliva se ha enrojecido (¿otra vez? los diques que construimos son de risa...) Pero quería decir esto, aunque fuese lo último que hiciese antes de hundirme en esa roca, de hundirme esa roca en la frente, de acabar con los hechos y contrahechos, de ver resplandores, y creerlos. Incluso puede que vuelva a apostar, desde niñó amé el póquer y el hipódromo. Pero antes, la piedra, la caliza roja, el betún de mi nombre, ese autófobo yo atascado en el marco de la puerta (¡Cúanto has crecido! Demasiado, señora...) Me he quedado un rato pensando en hacerles a los cisnes unas buenas dentaduras de diamante, para que despedazen bien el cuerpo fofo tendido durante kilómetros a lo largo del canal. Vallas y veredas, palabras y postes, marcas, balizas, puntos de apoyo creo que alguien los llama. Basta con no serrar todos los bastones y luego intentar olvidarlo. Por ahora (pero no, no basta, mira lo que te dice la piedra roja, te dice más rojo, más más y siempre... ¿ahora?), en fin, no hacer caso dicen, aparca el cerebro en doble fila, y que piten (me lo dicen pitándome amorosamente, pintando de nuevo el sonido de rojo), por ahora, decía, puede ser que sí, o que no. Intentaré buscar jueces no adictos. Todos los que conozco desintegran los pensamientos o los entronan antes de leerlos, sentados cantando mazurcas al calor de sus bodegas de ácido sulfúrico. Me recuerdo demasiado a mi mismo diciéndome esto, me apunto con mi fusil al pecho, o al ombligo. ¡Eh, Picho! ¿Recuerdas aquel ombligo... recuerdas el ombligo sobre el prado verde? El ombligo, el ombligo, Picho, ¿dónde está?

Lo olvidaré, el ombligo, y todo irá mejor. Porque voy a mentir mejor, y a mi el primero.

17.1.07

Sierra, señorío, sapiencial Serafín


El jubilicenciado dejó la vida sedentaria y se internó en suburbanismos de corte de nata y franela, chiclado el aire emparedado de gafas de sol. Así se presentaron las estaciones en que este banco ha estado desde siempre, ocupado y cubierto de hojas, cimentando el paralelismo atmosférico y dejando de lado cuestiones de vasos comunicantes y puestas de sol.

Tan sólo un brote de cuchicheos, una bandada de mapaches, un cinturón de meteoritos y una sopa fría. "Soy el menoscuarto de la existencia", quería decir cuarto menguante, como un duelo a través de los rayos del sol, reflejados lenta y sorpresivamente en la nieve, que simpre acaba doblemente abatido, ya la parte derecha del cuello, ya las caderas. En medio del pantano del este se erguía una esfinge bubónica de calado extrahumano. Siempre se decía que cómo iba a ser de otra manera, ¡había que ver con las indecentadas que se gastan en otras partes! Y aquí se paraban a regurgitar la frase y contemparla espasmódica en sus palmas.

Las siguientes veces fue menos normal, todos se revoltijaban entre los abetos agarrados de las gabardinas, se escupían las manos alborozados de que la saliva no les calase la carne. Una tarde rebotaban las orejas contra los muros, enarbolaban sus deliciosos enjambres de toruramiento, y uno se le acercó, y le dijo, silencioso: "No es tú, seremos vosotros." Nadie pudo ponerse a cubierto, y esa respuesta satisfizo por los aires y los dientes saltaron en cascada por el suelo.

15.12.06

Sound and vision


Siempre fui un alucinado. Las voces han sido y son presencias de pasado y futuro, el presente es su báculo. La afección infantil más frecuente era la digresión, el perplejismo ante el absurdo de que las cosas fueran en orden hacia su propio calvario, los versos silbados por las persianas: un yo futuro que me prohibiese comidas, o el niño de nombre exacto al mío con el que, siameses, bautizábamos hormigas en las guarderías, en orden estricto de aplastamiento. A menudo también era en la música donde se escondían los enigmas de esos desvelos aniñados; en los filos nudos del sonido y la armonía palpitaban agazapadas las voces de la visión. Curioso que fueran voces.

Las imágenes, evidentemente, eran algo implícito en ese impulso sonoro. Vertían vino espumoso de copas alzadas por personas que, tan sólo por medio de retazos, he llegado a creer conocer como a mi homónimo baptista. Eso si es que a alguno de esos a quienes creemos conocer en realidad les conocemos, comprobadlo con un espejo. Es tal vez ese el problema, el alucinar. Dejar un reguero seco de ideas cadavéricas. Las palabras se quedan cojas, como es costumbre en ellas y en nuestras bocas.

8.12.06

Indicem poeticus


I am a man now
I am, as you know, Walter Llywarch
I found them between far hills, by a frozen lake
I had gone on Easter Day
I have done it again
I have gone out, a possessed witch
I jump with terror seeing him
I lay in an agony of imagination as the wind
I left my room at last, I walked
I ordered this, this clean wood box
I saw the spiders marching through the air
I share my kneebones with the gnat
I sit in the top of the wood, my eyes closed
I think of all the thoghts through history
I walk on the waste-ground for no good reason
I will consider the outnumbering dead
I woke to a shout - 'I am Alpha and Omega'
Iago Prytherch his name, though, be it allowed
If my darling were once to decide
I'm afraid of needles
In a real city, from a real house
In the silence that prolongs the span.


-----------that is---------------


Soy un hombre ahora
soy, como sabéis, Walter Llywarch
les encontré entre colinas lejanas, junto a un lago helado
me marché en Pascua
lo he vuelto a hacer
he salido, un bruja poseída
salto de miedo al verle
yazgo en una agonía de la imaginación como el viento
dejé mi habitación al fin, caminé
encargué esto, esta caja de madera limpia
vi a las arañas marchando por el aire
comparto mis rodillas con el tábano
estoy sentado sobre la madera, con los ojos cerrados
pienso en todos los pensamientos a través de la historia
paseo por la escombrera sin un buen motivo
tendré en cuenta los muertos incontables
me desperté con un grito - "Yo soy Alfa y Omega"
su nombre Iago Prytherch, a pesar de todo, sea permitido
si mi cariño se decidiese de una vez
tengo miedo a las agujas
en una ciudad real, desde una casa real
en el silencio que prolonga el palmo.

25.11.06

No, nada, y algo más



No son las 3, son más de las 4, y no es que sea tarde, es que no sé qué hora es. Estaría tal vez mejor durmiendo o tal vez debiera, como estoy, estar despierto. El caso es que si me apoyo hacia la izquierda un poco puedo darme contra el suelo. Lo que no sé es si al caer me despertaría. Hace unos días hice lo mismo y funcionó, no sé si fue que me dormí o me desperté, pero estaba en otra parte. Y ahora, si lo recuerdo, puedo estar en donde quiera. Y por eso estoy hablando contigo, no porque esté escribiendo (en mi imaginación, claro) un correo electrónico, que es algo que no hago nunca (¡qué ocurrencias...!). Y da la casualidad que mientras pienso esto está sonando música, que tal vez esté tocando yo, o que tal vez estuviese tocando en otro momento. El caso es que me reconozco en alguna parte (o frase, en éstas incluso un poco también...). Claro que también me pasa eso cuando, solo, escucho el silencio. Entonces me doy cuenta, veo cómo caen las cosas a mi alrededor en sus sitios, imantadas por la eterna fuerza de su presencia contingente ahí y ahora, donde están. Pero también, como decía un amigo mío -no recuerdo si inglés o mallorquín- "espera veneno de las aguas estancadas". Y entre esas frases, hablando contigo, ha comenzado a sonar la tarde, que está aquí a mi lado, a la izquierda, empezando a caerse también. Y ha sonado un géiser fuerte, ha sonado dentro de las paredes, que se han desperezado. Y en ese momento he sabido también que estaba despierto al lado de otras personas que estaban también despiertas, de pie, y fuera ha empezado a llover. Siempre llueve cuando algo es solemne, incluso cuando es fingida la solemnidad. Por eso llueve en casi todos los entierros.

Aparte de esos que estaban aquí, el resto creo que está aún dormido, y, para no molestarle (todavía), me he propuesto dar pasos de bailarina, apoyando las punteras con ligereza y precisión. Y me he puesto a bailar debajo del tejado, o puede que fuera en mi casa, con la lluvia cayendo en la mesa y los libros. Y ha sido un baile muy suave que me ha contagiado de despertar, del que brilla en los momentos rojos en los que cae el sol (cuando se levanta es porque se ha caído). Los soles no son otra cosa que herramientas, son palancas de luz que no todos saben utilizar. Paseando por Potsdam encontré una plaza redonda y silenciosa rodeada de casa bajas. En el medio de la plaza había una amplia rotonda con bancos en torno a un cataño. El castaño aún conservaba bastanttes hojas, cerradas y amarillentas. Los castaños están enfermos, se van a morir. Tienen tres tipos de enfermedades distintas, se van los castaños de Europa me decía Roderick dibujando a través de la ventana de mi salón las hojas cerradas y amarillentas del castaño del patio. Cerca de un gran montón de hojas secas encontré un par de pantuflas roídas que eran la imagen de la paz. Y en torno a la rotonda había casas, todas casas unifamiliares, de aspecto señorial. En todas ellas podía imaginarse una vida tan apacible que uno podría dejarse las pantuflas en la calle cualquier mañana. El sueño creo que continuaba...

Pero es mejor ir atando los cabos y abriendo las puertas: enfrente de la casa que escogí como propia en ese momento hay una iglesia con un pequeño jardín alrededor. Allí había un contador de energía solar, que ofrecía los datos actualizados de la fuerza del sol y de la energía que proporcionaba a los paneles del tejado de la iglesia. No creo que estuviesen colocados en el tejado de la iglesia, yo allí no los ví, pero sí que noté un resplandor nada propio de las tejas en uno de los edificios accesorios del templo. Y además, al pie del contador crecían unas rosas extraterrestres. Entonces me desperté. Estuve dormido, creo. Pero me desperté. Y supe que el sueño sólo volvería para hacer las paces conmigo.

Tal vez intente ahora tirarme hacia la izquierda y dormir.